La cita era a las diez.Se sentaron en la sala de espera de una clínica privada que Rodrigo había encontrado, de esas con alfombras gruesas, sin revistas visibles y una recepcionista que sonreía sin mostrar los dientes. Valentina estaba sentada con las manos en el regazo, mirando la pared e intentando que su rostro no expresara nada.Emilio estaba sentado a su lado. Sin tocarla, sin hablar. Solo ahí.No había dormido bien.Había permanecido en la oscuridad repasándolo desde todos los ángulos y todos los ángulos regresaban al mismo lugar. Ya había estado antes en esta situación —no en esta sala de espera, pero con esa sensación específica: la de esperar un resultado que ya conocías. Había estado sentada en demasiadas consultas médicas durante los tres años de su matrimonio con Alejandro, esperando pruebas que le habían dicho que eran necesarias, y sabía cómo se sentía ese conocimiento antes de que el papel lo confirmara.Anoche lo había comprobado.Lo había hecho en silencio, en el bañ
Leer más