Veinticinco años después.La casa frente al mar seguía exactamente igual, como si el tiempo no se atreviera a tocarla.Las buganvilias blancas seguían trepando por las paredes con la misma fuerza de siempre. El gran árbol que Camila plantó décadas atrás ahora daba una sombra generosa sobre toda la terraza. Y la mecedora de Lia aún se balanceaba suavemente con la brisa, como si alguien invisible siguiera ocupándola.Camila Sofía, ahora con cuarenta años, se había convertido en la nueva guardiana oficial de la casa. Era profesora universitaria de Literatura y había escrito una novela basada en la historia de su familia, aunque cambió los nombres por respeto. El libro se llamaba Contrato de Amor.Era el primer día de verano y la casa estaba llena como nunca.Sus tres hijos corrían por la playa junto a sus primos. Las risas de los niños se mezclaban con el sonido de las olas. En la terraza, Lia Valentina, ya con ochenta y seis años, observaba todo desde su mecedora favorita con una sonris
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