La lista era una hoja de papel doblada en cuatro, guardada entre las páginas del cuaderno negro con el cuidado específico de alguien que esconde algo que no quiere perder pero tampoco quiere encontrar de manera accidental. La letra de Rodrigo era la misma que en el resto del cuaderno, pequeña y ordenada, pero la tinta era diferente: más reciente, más oscura, escrita con una pluma de mayor calidad que las que usaba durante la adolescencia.Elena leyó la lista completa sin apresurarse.Había nombres. Veintitrés en total, algunos con apellido completo y otros con solo el primero y una inicial. Junto a cada nombre aparecían notas breves: una ocupación, una dirección, una fecha, a veces un número de teléfono. Todos los nombres pertenecían a personas vinculadas a Mateo: profesores que él h
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