Sarah parecía agotada, con ojeras marcadas y la piel pálida, cuando Alden entró en su habitación. En cuanto lo vio, su rostro se iluminó. Extendió ambas manos hacia él.“Te extraño,” susurró Sarah.Alden la abrazó, acariciando suavemente su espalda.“¿Por qué no estás descansando? Necesitas recuperarte, Sarah.”“No puedo dormir. Tengo miedo, Alden. Quiero que estés aquí conmigo.” Las lágrimas corrían por las mejillas de Sarah.Alden miró a Kenneth, que estaba sentado en el sofá, igual de agotado.“Está bien, me quedaré aquí hasta que te duermas,” dijo Alden.“¿Lo prometes?”Cuando Alden asintió, Sarah se recostó de inmediato en la cama, sin soltar su mano.“A veces mi mente está nublada, Alden. A menudo no recuerdo nada, pero siempre te recuerdo a ti,” susurró Sarah.“Descansa.”“¿No vamos a casarnos, Alden? Cuando salga de aquí, nos casaremos, ¿verdad?”Alden no pudo responder. No quería decir “sí” porque estaba comprometido con Hannah. Pero si decía “no”, el estado frágil de Sarah n
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