Aquella tarde, Hannah acababa de terminar una reunión con sus empleados y, a los ojos de Susan y Bernard, se veía mucho mejor. Hannah estaba más concentrada, aunque su expresión todavía mostraba rastros de tristeza. Sin embargo, Susan no se atrevía a hacer preguntas, temiendo aumentar la carga emocional de Hannah. A menos que, claro, Hannah decidiera hablar por sí sola.“¿Ya vas a casa o te quedarás hasta la noche?” preguntó Susan mientras entraba en la oficina de Hannah. “Es viernes, Hannah. Deberías pasar el fin de semana con tu esposo.”Hannah soltó una pequeña risa.“Está bien, ya casi termino.”Hannah hizo clic rápidamente con el ratón, envió un correo y apagó la computadora.“¿Qué harás este fin de semana, Susan?” preguntó Hannah.“Tener una cita con mi sofá.”Las dos se echaron a reír.“Oye, ¿por qué no vienes a almorzar algún día?” sugirió Hannah.“¿A tu casa o a la de tu esposo?”“Ah, a cualquiera… donde prefieras. Incluso podemos hacerlo este fin de semana si quieres.”“Sí,
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