La risa de Máximo Cienfuegos tenía una cualidad específica que Valentina tardó un momento en identificar, sentada frente a él en el balcón del penthouse con la pizza enfriándose sobre la caja y el vino tinto en las copas que eran, definitivamente, de dos juegos distintos porque Valentina las había sacado del armario sin revisar y Máximo había elegido no hacer ningún comentario al respecto.Era una risa que no pedía permiso.No tenía las capas de gestión que tenían todas sus otras expresiones, no tenía el cálculo de cuánto era apropiado mostrar y en qué dirección. Era directa, breve, completa
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