Valentina dejó pasar el sábado entero.No porque hubiera olvidado la nota, que llevaba en el bolsillo lateral de su bata desde la mañana en que la había encontrado sobre la almohada, doblada con ese cuidado que tenía para los objetos que merecían trato cuidadoso. No porque no supiera que la pregunta estaba ahí, esperando en el espacio entre los dos con la paciencia específica de las cosas escritas en papel del bloc de la cocina, que era el idioma más honesto de ese hombre. Sino porque cuando estés lista era exactamente lo que había dicho y ella necesitaba que ese tiempo fuera genuino y no solo el intervalo mínimo antes de que resultara descortés seguir esperando.El sábado transcurrió con esa calidad de los sábados sin agenda, que es diferente a los sábados con agenda en que la libertad es teórica: los dos en el departamento, Máximo con sus planos extendidos sobre el escritorio y la concentración que le ponía a todo cuando trabajaba, Valentina en la mesa del comedor con el proyecto nu
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