El espacio detrás del sofá era estrecho, forzándonos a los cuatro a estar muy juntos. La madera bajo nuestras rodillas desnudas se sentía suave y fresca, pero el aire entre nuestros cuerpos era puro fuego. Liam se quitó la camisa, arrojándola sobre los tablones del suelo. —Mark, levántate —ordenó Liam, con su voz profunda y áspera. Mark gruñó, deslizándose lentamente hacia atrás lejos de mí. Se sentó contra la pared opuesta, con las piernas abiertas, intentando recuperar el aliento. Sus ojos estaban abiertos, oscuros de emoción mientras veía a Liam meterse en el espacio justo frente a mí. —¿Te gusta hacer ruido, Jas? —susurró Liam, inclinándose. Me agarró los tobillos y jaló mi cuerpo hacia adelante por el suelo hasta que mis caderas quedaron presionadas justo contra sus rodillas. —Liam… espera —jadé, con mis dedos clavándose en la madera de los tablones—. Vas demasiado rápido. —Hemos estado esperando allá afuera en la oscuridad —dijo Liam. No esperó. Se inclinó sobre mí,
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