El auto dio un violento sacudón al caer en un profundo bache. Lucian, que se había inclinado hacia adelante para quitar una pequeña partícula del cabello de Tara, perdió el equilibrio. Cayó hacia ella y, en esa fracción de segundo, sus labios chocaron.El beso fue repentino e inesperado.Por un breve momento, ninguno de los dos se apartó. Los labios de Lucian eran cálidos y firmes contra los de ella, enviando una oleada de calor por el cuerpo de Tara. Sus manos se aferraron instintivamente a la parte frontal de la camisa de él mientras el auto finalmente se estabilizaba.Lucian se echó hacia atrás bruscamente, con los ojos muy abiertos por la sorpresa. Tara lo miró, sin aliento, con las mejillas ardiendo de un rojo carmesí.—Yo… lo siento —dijo Lucian, con la voz ronca e inestable—. El auto… no fue mi intención…—Sí… el auto —susurró Tara, tocándose inconscientemente los labios. Su corazón latía tan fuerte que apenas podía pensar con claridad. Ese beso no debía haber ocurrido. Y la pa
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