CAPÍTULO 8 – AMENAZA EN LA SANGRE.Esa noche, Julia ya lo esperaba en la habitación. La luz de las velas iluminaba la estancia con suavidad—un viejo truco que siempre funcionaba. Su camisón caía perfecto sobre su cuerpo, su cabello suelto, sus labios con el toque justo de color. Todos los pequeños detalles que ella sabía que a Nicholas le gustaban."Llegaste tarde," dijo, con un tono ligero pero sus ojos vigilantes.Nicholas se quitó la chaqueta, colgándola en la silla. "Tenía asuntos con la patrulla fronteriza.""Siempre hay asuntos." Julia se acercó, sus dedos tocando el cuello de su camisa, recorriendo la línea de sus hombros. "Pero estás aquí ahora."Lo atrajo más cerca, besándolo. Sus labios se movían con un propósito claro—reclamar, recordar, marcar territorio. Al principio, Nicholas respondió. Su mano se movió hacia la cintura de Julia, respondiendo como un hábito programado en sus músculos.Pero entonces—Julia sintió el cambio antes de verlo. La presión de sus labios se debil
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