#45: Nora«Hola, muñeca.»Las palabras me golpearon como un puñetazo, robándome el aliento. Me quedé congelada en la puerta, agarrando el marco con tanta fuerza que los nudillos se me pusieron blancos. Los ojos de David permanecían fijos en los míos, con esa intensidad familiar que atravesaba el agotamiento y el dolor marcados en su rostro.—¿Estoy soñando? —susurré, con la voz quebrada.Él dejó el vaso de gelatina con cuidado, haciendo una mueca al moverse contra las almohadas.—Ven a comprobarlo, cariño.No recuerdo haber cruzado la habitación. Un segundo estaba en la puerta y al siguiente ya estaba sentada en el borde de su cama, con las manos en su rostro y mi frente pegada a la suya.—Estás despierto —murmuré contra su piel—. De verdad estás despierto.Sus manos cubrieron las mías, cálidas, sólidas y reales.—Estoy aquí, amor. Estoy aquí.Me aparté lo justo para mirarlo, absorbiendo cada detalle. Los moretones en su mandíbula se estaban poniendo amarillentos. Junto con las ojeras
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