SOFIADejé de fingir que no lo observaba. Ya no tenía sentido; él ya lo sabía y, si no lo sabía, lo sabría. Así funcionaban las cosas aquí. Así que pasé de evitarlo a usarlo.Estaba en la misma habitación otra vez, no por casualidad, como nada aquí lo era. Era otra hora del día, con otros documentos, pero la misma quietud permanecía. El mismo control. La misma atención. Tomé asiento sin esperar a que me lo dijeran, frente a él, a la misma distancia que antes. Había espacio suficiente para respirar, pero no tanto como para olvidar que estaba allí.No levantó la vista de inmediato. Eso también era parte de la cuestión: el momento oportuno. Cuando reconocía algo, cuando no, lo que dejaba pasar y lo que interrumpía, lo observaba todo. Notaba las pausas antes de que respondiera a las llamadas y la form
Leer más