Los segundos pasaban mientras Arianna luchaba por articular una réplica, pero ninguna palabra —por más cuidadosamente elegida que fuera— parecía menos condescendiente de lo que su madrastra merecía.¿Qué tan cruel podía ser el destino, obligándola a cruzarse con una persona tan despreciable? Y pensar que los rasgos glamorosos de su madrastra actuaban como un escudo infalible, cegando por completo a su padre.“Lucha todo lo que puedas mientras puedas, ya que pronto serás expulsada, igual que la escoria que eres”, siseó su madrastra, ocultando la rabia tras una sonrisa falsa.“Ah, veo que todavía puedes hablar, ¿esperando salir de esto con palabras y casarte? Estás equivocada”, escupió ella, con palabras llenas de despecho.“¡Nunca pasará, te lo aseguro! ¡Preferiría morir antes que aceptar esto!” Arianna golpeó el suelo con el pie, ardiendo de indignación.“Mi querida hija, ya ha sucedido”, murmuró la mujer con tono burlón. “Solo necesitas verlo. No seas ingenua, querida. Canaliza tu en
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