EVELESSA—Como no deja de abrir la boca, la voy a arreglar de una vez por todas.Tuve que admitir que había sido un día largo y agotador siguiendo el rastro de la madre de Mara, viéndola moverse por la ciudad como si le perteneciera. No engañaba a nadie. Pensaba que estaba jugando bien el juego, manteniendo la cabeza baja, mezclándose con la multitud, pero hay algo en las personas que se creen intocables que las hace destacar. Es la arrogancia, ese pequeño aire de superioridad, la forma en que creen que han evadido las consecuencias de sus acciones, lo que las hace predecibles.El centro comercial era de lujo, el tipo de lugar donde la gente con más dinero que sentido común gustaba de pasear, probándose zapatos carísimos que no podían permitirse, fingiendo que tenían una vida digna de ser observada. Trina no era diferente: cabello rubio, demasiado maquillaje, tacones que gritaban “soy importante”. Mientras la seguía por los pasillos, una risa subió por mi garganta. Si tan solo supiera
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