Condenar a otros era tan fácil—hasta el día en que te encontrabas en sus zapatos.POV de Zevara“Ze—va—ra,” repitió él, lentamente, suavemente. Pero lo que yo escuché fue un gemido. Un gemido que me deshacía.La forma en que mi nombre rodaba por su lengua hacía que mi cuerpo reaccionara intensamente, y sentí cómo mi humedad se deslizaba hacia mi ropa interior de encaje. La manera en que susurró mi nombre como un canto de oración hizo que mis pezones se endurecieran.¡Zevara!Compórtate.Tragué saliva con dificultad. Intenté mover las piernas, intenté inclinarme profundamente ante el Alfa, pero ¿mi cuerpo? Inútil. Salvo porque mis rodillas querían ceder. ¿Mi mente? Congelada. Salvo por imaginar cómo deseaba que ese hombre me reclamara.Ahora ya había descendido las escaleras y estaba de pie al pie de ellas, y aun así sus ojos no se apartaban de mí.Entonces Nina corrió de nuevo hacia mí, tomó mis brazos, sus dedos clavándose en ellos. “No seas grosera, Zev,” susurró. Luego me llevó hac
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