Ariel abrió lentamente los ojos, una gran sonrisa extendiéndose en su rostro mientras estiraba sus extremidades. La suave luz de la mañana se colaba entre las persianas de la ventana, proyectando un brillo dorado sobre su cara, pero a ella no parecía importarle.
Su boca se abrió en un bostezo satisfecho y estiró su cuerpo; la manta cayó de encima de ella y el aire fresco acarició su piel, recordándole que había dormido sin ropa.
—Hmmm…
Las sábanas a su lado se movieron, y ella giró la cabeza pa