Capítulo 146 —El plan jubilatorioEl verano alpino había transformado el paisaje de las montañas, llenando los valles de un verde intenso que chocaba con la madera oscura y reluciente de la posada. Todo estaba impecable, listo para la gran inauguración. Los viñedos jóvenes se alineaban con precisión suiza, las habitaciones de lujo exhalaban aroma a pino fresco y los folletos impresos descansaban sobre el mostrador de recepción. Habían invertido meses, dinero y un esfuerzo descomunal en construir aquel santuario de paz.Sin embargo, el silencio que reinaba en el gran salón de la posada se sentía denso, casi asfixiante.Alessia estaba sentada junto al gran ventanal que daba al lago, sosteniendo a Leone en sus brazos. El bebé, que ya tenía un par de meses, dormía plácidamente arropado en su manta. Su nombre no había sido una elección al azar; Leone significaba león en italiano, el apodo con el que se le conocia a su hombre en Sicilia, pero además era el más profundo homenaje a Leonora, la
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