PUNTO DE VISTA DE MATTEOEl dolor en mi costado se había convertido en un compañero constante, un ardiente recordatorio de que seguía vivo, seguía luchando, seguía cazando.Estaba desplomado en los restos de lo que alguna vez fue mi estudio, con la sangre aún filtrándose a través del vendaje improvisado en mi torso. La metralla del último asalto me había desgarrado como dientes, dejando una herida irregular que se negaba a dejar de sangrar por más veces que presionara la tela contra ella. Pero el verdadero daño era más profundo. Mi imperio se desangraba más rápido que yo. Mis hombres estaban muertos o desertando. Mis almacenes eran cenizas. E Isabella —mi Isabella— seguía ahí fuera, brillando como una estrella que nunca lograba alcanzar.Yo había dirigido personalmente el último asalto. Me había lanzado a la noche como un loco, gritando su nombre en la oscuridad mientras las balas volaban y las explosiones iluminaban el cielo. Durante unos gloriosos minutos, había sentido la victoria.
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