Capítulo 13. Una bofetada sin manos
Esa mañana, la majestuosa residencia de Alejandro Abraham, usualmente sumida en el silencio, se vio perturbada por la llegada de visitantes inesperados. Un sedán de lujo color negro se detuvo en el vestíbulo principal; de su interior descendieron Roberto e Isabel Niven, seguidos por una Camila que lucía un gesto agrio. El rostro de Isabel estaba endurecido, irradiando una furia contenida desde que recibieron la llamada histérica de Camila la noche anterior.Camila, con una actuación de lágrimas de cocodrilo pulida durante años, corrió a refugiarse en los brazos de Roberto apenas bajaron del auto. —Padre, Madre, gracias a Dios que llegaron rápido. Tienen que ver lo que esa mujerzuela me ha hecho —sollozó, fingiendo una fragilidad extrema.Roberto acarició el cabello de su hija con una mirada colérica. —Tranquila, cariño. Papá y Mamá est&aac
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