JADENDetecté el olor a fuego antes de poder verlo.Ese característico aroma a carbones ardientes, el rico almizcle de humo de dragón… me envolvió como un calor rancio, una chispa que se encendió en mi vientre. Por un momento, me pregunté si lo habría soñado, si tal vez mi anhelo me había jugado una mala pasada con la nariz.Kael había sido un guardián, pero mucho más que eso. Había sido mi ancla, mi verdugo, mi salvador… todo en uno.Todavía recuerdo el primer día que me planté frente a él, un cachorro desgarbado que aún no dominaba el cambio, temblando ante su atención. Se alzaba sobre mí como un dios de la guerra, con un tamaño tan grande e intimidante como los dragones que comandaba.—Eres débil —me dijo aquel día, con voz áspera y ojos cortantes—. Pero la debilidad es una elección. No criaré a un cobarde.Y no lo hizo.Kael había sido brutal en mi entrenamiento. Me había roto, destrozado, hecho sangrar, me había hecho sufrir. Pero nunca me abandonó. Jamás.Cuando caía, me obligab
Leer más