AURORA
La energía vibrante del barrio comercial era un contraste maravilloso con las frías y calculadoras sesiones del consejo que había soportado desde mi llegada al castillo. Me permití disfrutar del cambio: las voces risueñas de los vendedores, el aroma a pan caliente que salía de las panaderías y el baile moteado de la luz del sol sobre los adoquines.
Y por encima de todo, agradecía la compañía de las dos mujeres a mi lado. Las había extrañado muchísimo. Tuve que ausentarme un tiempo por mo