Sus labios todavía estaban mojados cuando se apartó, pecho subiendo y bajando, el sabor de él persistiendo en su lengua. Intentó recuperar el aliento, intentó recomponerse, pero Elijah no había terminado.Ni mucho menos.Antes de que pudiera hablar, su mano agarró su barbilla, obligándola a levantar la vista para encontrarse con sus ojos. Su mirada era oscura, ardiente, llena de hambre. “¿Crees que me conformo con eso?” gruñó, bajo y áspero. “Quiero más. Te quiero toda a ti.”Su boca se abrió, una protesta a medio formar temblando en sus labios, pero murió en el instante en que él empujó su asiento hacia atrás y la jaló sobre su regazo.Ella jadeó, sus rodillas a horcajadas sobre él de forma incómoda contra la consola, la falda subiendo por sus muslos. Él no le dio ni un segundo para dudar, su polla ya presionada contra ella, dura otra vez, insistente, deslizándose contra el calor húmedo entre sus piernas a través de la fina encaje de sus bragas.“Elijah”, susurró, con voz temblorosa
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