Aurora abrió los ojos lentamente, tosiendo mientras el humo acre le llenaba los pulmones. Sus pensamientos eran pesados, sin saber dónde estaba ni qué había ocurrido. Al intentar incorporarse, los recuerdos pasaron por su mente y, al recordar su pelea con la bruja, revisó su cuerpo en busca de heridas, esperando encontrar cicatrices o puñaladas. Pero, para su sorpresa, no halló ninguna.Con el rostro marcado por la confusión, Aurora giró la cabeza para observar su entorno. La habitación estaba destrozada: los muebles volcados y escombros esparcidos por todas partes. Sin embargo, fue el cuerpo desplomado en el suelo lo que captó su atención.El corazón de Aurora dio un vuelco mientras se ponía de pie con dificultad y corría hacia la figura sin vida. —¡Sora! —gritó, con la voz temblando de miedo al reconocer el rostro.Se acercó al lado de su abuela y pronto sus ojos se llenaron de lágrimas. Sora yacía inmóvil, con los ojos cerrados y el rostro pálido. Aurora la sacudió suavemente, ll
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