La casa estaba en silencio cuando sonó el timbre. Didi descansaba en su bata de seda, sin esperar a nadie. Su esposo, Greg, había mencionado una gotera en el baño de visitas, pero no dijo cuándo vendría el reparador. Al abrir la puerta, se encontró con un hombre alto y de hombros anchos que cargaba una pesada caja de herramientas. Llevaba una camiseta ajustada y manchada de grasa que resaltaba sus brazos gruesos.Sus ojos no se quedaron en su rostro. Se demoraron en la forma en que la bata colgaba holgada, recorriendo la línea de su cuello hasta su pecho. Didi sintió un escalofrío, pero lo ignoró, pensando que solo era la típica mirada grosera.—El baño está arriba —dijo ella con frialdad, dándose la vuelta.Poco después, Didi decidió tomar una ducha rápida en su habitación principal. Se estaba enjuagando cuando escuchó un paso pesado fuera del cristal.—Señora —una voz profunda retumbó a través del vapor—. Necesito revisar las tuberías aquí también.Didi jadeó, cerrando la cortina de
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