NORALa cena fue una pesadilla. No pude saborear ni un bocado del pollo. Cada vez que levantaba la vista, Kaelen estaba allí, sentado frente a mí, sorbiendo su vino con total calma. Actuaba como si no hubiera pasado la tarde con su polla entre mis piernas.Estaba encantador, hablando con mi madre y con Gius sobre su nuevo trabajo, sobre lo mucho que le pagaba el hospital y sobre cómo pasó esto y aquello, mientras yo seguía allí con los muslos apretados, sintiendo el peso fantasma de su cuerpo todavía dentro del mío.—Nora, estás muy callada —dijo mi madre, entrecerrando los ojos. Se inclinó más hacia mí.—Estoy bien, mamá —respondí cortante.Ella sonrió, dándome un codazo en el hombro. —Anda, cariño. Enséñale la casa a Kaelen. Muéstrale los jardines y el ala nueva. Conózcanse.—Mamá, no me siento muy bien —le susurré de vuelta.Ella se acercó a mi oído y su voz fue un siseo afilado. —Nora, no te atrevas a ser grosera. Esto es importante para la familia. Ve. Ahora. Enséñale todo a tu h
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