POV de JOSEEl norte no es un lugar, es un estado mental. Aquí, el horizonte no se curva; se desploma hacia una infinidad de piedra gris y nieve perpetua. No hay señales, no hay senderos, no hay ecos de una civilización que, durante décadas, nos definió por oposición.Habíamos logrado lo imposible: el sistema nos había perdido. Elias, la Castellana, las facciones autoritarias y los desesperados de Oakhaven nos buscaban en un valle que ahora no era más que un eco de nuestro paso. Habíamos ganado la guerra contra la narrativa. Y, sin embargo, mientras el viento aullaba entre las grietas de una cueva que habíamos convertido en nuestro refugio provisional, el peso de esa victoria se sentía como una sentencia.Nina estaba sentada cerca de la hoguera, observando las llamas con una mirada que ya no buscaba patrones, ni riesgos, ni salidas de emergencia. Sus ojos, una vez capaces de procesar la lógica de un mercado global en un instante, se habían vuelto hacia adentro.—No hay nada —dijo, sin
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