POV de NINALa noche de Madrid cayó sobre la zona residencial con un silencio pesado, roto únicamente por el repiqueteo de la lluvia fina contra los cristales del ala oeste de la casa. Eran las diez. Mateo ya dormía en su habitación del ala norte, arrullado por la falsa tranquilidad de un hogar blindado por guardias privados. Yo me había despojado de la chaqueta gris del traje corporativo, pero el uniforme de la frialdad seguía intacto bajo mi blusa de seda blanca.En la mesa auxiliar de mi biblioteca personal, el maletín médico estaba abierto. El olor a alcohol, gasas estériles y yodo impregnaba el aire, compitiendo con el aroma a madera vieja y libros de psicología.—Siéntate, Jose —ordené, mi voz plana, desprovista de cualquier modulación emocional.Jose entró al espacio con pasos pesados, arrastrando una debilidad que su orgullo de lobo ya no podía camuflar. Llevaba la camisa azul oscuro completamente abierta, revelando el vendaje del pecho que la agresión en el sótano de la Caste
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