POV de NINA
El moño bajo, tenso y perfectamente fijado, no dejaba ningún mechón suelto. Mis labios, pintados de un rojo oscuro casi fúnebre, eran la única nota de color en un rostro que había aprendido a ocultar cualquier rastro de la vulnerabilidad que me había llevado al destierro de Sevilla.
Me miré las manos. Estaban completamente firmes. No había temblor, no había necesidad de buscar el frasco de ansiolíticos que Theo solía recetarme como si fuera un paliativo para mi existencia. La seda d