POV de NINA
El sol de la mañana de Londres no calentaba; solo iluminaba con una palidez grisácea la madera de la mesa del comedor de la suite. Eran las siete. Vestía mi traje de chaqueta gris, el cabello perfectamente estirado en un moño bajo y las manos limpias de la sangre que unas horas antes había limpiado del pecho de Jose.
Sobre la mesa, junto a mi taza de té negro, estaban las tres copas de la ratificación de contratos de la víspera. El orden corporativo había vuelto. Al menos en los pap