El rostro de Liam se encendió de furia.—Alexander, estás siendo un completo imbécil.—No tienes que ponerte a la defensiva solo porque te descubrí —me recosté en la silla, mirándolo con frialdad—. Pero ya que tienes tanta curiosidad, te daré la respuesta que quieres escuchar: no, no voy a marcarla. Después del divorcio, Ella será libre. Felicidades.Las palabras dejaron un sabor amargo en mi boca, casi como veneno, pero aun así las obligué a salir.“Es la verdad… Ella no me quiere. Nunca me quiso.”Ella había sido clara conmigo. No quería mi marca. Solo quería cumplir el contrato y terminar con nuestro matrimonio.Me odiaba.Entonces, ¿por qué debería importarme si, cuando todo terminara, corría hacia su amigo de la infancia?Antes de que Liam pudiera responder, un fuerte alboroto estalló en la parte trasera del restaurante, cerca de los baños.Voces elevadas. Sillas arrastrándose. Pasos apresurados.Luego llegó el sonido de unos neumáticos chirriando en la calle.Varios clientes come
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