STELLA HARPERSEMANAS DESPUÉSLos días siguientes fueron un borrón de cuidados, precauciones y un cierto miedo constante que intentaba no dejar traslucir. En cuanto leí aquel mensaje amenazador, cambié el chip del celular al día siguiente, con la esperanza de que el anónimo desistiera. Fui a la comisaría, presenté una denuncia, entregué mi aparato antiguo con el número y todo. Pero, como era de esperar, la respuesta de la policía fue un genérico: «Vamos a investigar». Una investigación que no ha dado ningún resultado hasta ahora, e imagino que no dará ninguno en el futuro.En el fondo, sabía que la sensación de estar siendo observada no desaparecería solo con un número nuevo o una denuncia; era imposible no sentirme asustada, pero intenté ignorar esa sensación lo más que pude.El tiempo pasó y, poco a poco, mi rutina volvió a encajar. Las heridas sanaron, el corte en la frente se convirtió en una simple marca discreta, los rasguños del brazo desaparecieron, y la rodilla también cicatr
Ler mais