DAMIAN WINTER—Vine a ver a mi hijo.La frase quedó suspendida en el aire, pesada, como si hubiera derramado ácido en el suelo. Nathan se encogió de hombros y una media sonrisa jugaba en sus labios, irritante, desafiante.—¿De qué diablos estás hablando? —pregunté, fulminándolo con odio.Inclinó la cabeza, como si estuviera explicando algo demasiado obvio.—Estoy hablando de tu hijo, Damian. O mejor dicho, de mi hijo. Danian.Un espeso silencio se esparció por la cafetería. Hasta mi padre, que segundos atrás me gritaba, pareció perder la voz.Nathan dio un paso al frente, con las manos aún en los bolsillos y una sonrisa burlona pegada en el rostro.—¿De verdad creíste que Sophie tenía un hijo tuyo? Ella nunca tuvo nada contigo, por eso me usó. Usó el parecido entre los dos. Tú y yo tenemos la misma estatura, rasgos similares, los mismos ojos y hasta el cabello. Era el plan perfecto. Nunca te diste cuenta. Pero el moco... digo, Danian es mi hijo.El latir de la sangre corriendo por mis
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