SOPHIE PÓSITRON— Qué hay, mocoso.La voz me salió llena de sarcasmo. Danian dejó de llorar, abrió mucho sus ojos llorosos y me miró en silencio, dudando, como si no supiera si podía creerlo.— Me quiero ir... — murmuró bajito, casi tragándose las palabras.Me reí. Una risa seca, corta, sin ningún humor.— ¿Irte? — repetí, bajando un poco el rostro hasta su altura. — Ah, no, querido. Te vas a quedar conmigo. Vas a vivir con mamá ahora.— Pero... — intentó decir, con la voz quebrada.No lo dejé terminar. Enderecé el cuerpo y solté un grito fuerte, áspero, que hizo eco por el galpón.— ¡Basta! ¡No quiero escuchar tus lloriqueos!Se encogió de inmediato, abrazando su propio cuerpo. El llanto contenido se escapaba en sollozos que me irritaban aún más.Me volví hacia los dos matones que me habían traído al niño. Observaban en silencio, un poco incómodos con la escena. Arrastré el pesado bolso que estaba sobre la mesa de metal y se los arrojé.— Aquí está su parte — declaré. — Cuéntenlo si
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