STELLA HARPERLa casa parecía aún más alegre esa noche. Tal vez era solo mi imaginación, pero después de todo lo que Damian había enfrentado y pasado por culpa de Sophie, sentí que necesitábamos un respiro. Él llevaba demasiadas cargas sobre sus hombros y, si yo no hacía nada, seguiría dándole vueltas a cada palabra, a cada comentario y a cada especulación de la prensa en su celular.Por eso, cuando los niños preguntaron si podían quedarse despiertos hasta más tarde, solté la idea:—¿Qué tal una noche de juegos? —sugerí, fingiendo naturalidad—. Nada de pantallas, solo tablero, risas y... quién sabe, hasta algunas golosinas.Los ojos de los gemelos se iluminaron al instante.—¡Yo me apunto! —gritó Apollo.—¡Yo también! —agregó Orion, casi pisando las palabras de su hermano.Danian, que ya estaba pegado al regazo de su padre, levantó la mano como si estuviera en una votación de la escuela.—¡Yo voto que sí!Damian arqueó una ceja, mirándome con esa expresión de quien no está del todo co
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