CAPÍTULO CINCUENTA Y DOS Júlia Fue horrible tener que aguantar a Isaque en la fiesta de revelación de Camila; aunque intenté evitar a ese hombre por todos los medios, lo pillé mirándome varias veces y fingí no verlo, porque no quiero crear problemas.Cuando salí y fui al dormitorio a buscar un abrigo, sentí que algo iba mal y, con ese mal presentimiento, decidí dar media vuelta en el pasillo y me topé con él. Miré a todos lados y no vi a nadie; volví a sentir miedo: estaba sola con ese gusano y no tenía nada con qué defenderme de él.—¿Por qué me estás huyendo, Júlia? —se acercó con la intención de acorralarme, pero no se lo permití y me aparté.—No estoy huyendo de nadie. La verdad es que ni siquiera me importa lo que hagas, lo que dejes de hacer, lo que pienses, nada... vive tu vida, como yo vivo la mía —me di la vuelta dándole la espalda, y sentí su asquerosa mano tirando de mí.—Mientes muy mal, Julia. Sé muy bien que nunca me olvidaste, que nunca encontraste a nadie, apue
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