CAPÍTULO CUARENTA Y CUATRO Camila Fernandez Echaba muchísimo de menos a mi madre, y hablamos un montón. Larissa se quedó un poco al margen, e intentamos incluirla varias veces, porque si vamos a hacer esto, hay que hacerlo bien, ¿no?Tampoco se le puede echar toda la culpa a ella, ya que fue nuestro padre quien cometió todas esas atrocidades, y él es el culpable de que nos haya pasado todo esto. En casa, fue una alegría para la señora Isaura, la madre de Pablo, recibir a mi familia, y cuando llevé a mi madre a elegir una habitación, la señora Isaura vino con nosotros, para ayudar y hacernos compañía. Larissa apareció un rato después, con la misma cara de vergüenza de antes; creo que a ella misma le cuesta perdonarse, y eso complica las cosas.Apareció el socio de Pablo, y me dio la impresión de que se quedó mirando fijamente a mi madre, pero debe de ser solo una impresión mía, porque ella ni le hizo caso, como siempre.—¿Te has dado cuenta de que Víctor te estaba mirando? —l
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