Maria:No lo noté al principio.El mundo daba vueltas, pero yo permanecía perfectamente inmóvil. Todo se sentía ruidoso en mi cabeza, un rugido caótico de sirenas, pitidos de monitores y los latidos de mi propio corazón, pero en el exterior había silencio, y no sabía cuál de las dos cosas era peor. El silencio del pasillo se sentía pesado, como si presionara mi piel, asfixiándome.Carlos Rivera acababa de terminar de hablar con los médicos de nuevo. Incluso en medio de esta pesadilla, su voz era firme, como si mantuviera la realidad unida por pura fuerza de voluntad.—Hagan todo lo que puedan para estabilizarla —ordenó, con ojos oscuros y una intensidad que hacía vibrar el aire—. Sé que ahora está estable, pero asegúrense de que no le pase nada a Elena Ruiz.El médico asintió rápidamente, respondiéndole con un respeto profundo y practicado.—No hay problema, Sr. Carlos Rivera. Tenemos a nuestro mejor equipo con ella.Se marcharon poco después de eso, sus pasos desvaneciéndose en la di
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