Capítulo I - VanesaLas cosas van tal y como planeé. Despedirme de Emanuel era necesario. Necesito saber que, si algo sale mal en el juicio de su padre, al menos le dije que lo amo.Cuando lo veo en la cama, dormido, tan tranquilo, tan sexy y fuerte… Esos músculos… Aprieto los ojos, deseo quedarme a su lado. No volver a trabajar, dejarme querer por él una vez más. Pero no puedo. Todavía quedan cabos sueltos, y hasta que no se termine, no voy a poder decirle a Emanuel que estoy dispuesta a seguirlo a donde vaya. Así que lo beso en los labios y salgo de su departamento.Llego a la guardia agotada. Emanuel se lució ayer, ejercitamos como si no hubiera un mañana. Encima, los pacientes vienen uno tras otro, sin darme respiro. El hospital está recortando personal, así que muchas de las tareas de los enfermeros las hago yo: colocar inyectables, tomar signos vitales, asistir en urgencias. El caos es absoluto.—Gracias, doctora. Si no nos ayudara, no sé a qué hora terminaríamos.Me dice Mimi,
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