EN el momento en que se alejaron, él se desplomó en un asiento, quedándose rígido, con las manos apretando el borde pulido de la mesa. Dignatarios y colegas ya estaban saliendo con asentimientos educados y murmullos de agradecimiento, pero sus ojos estaban fijos en la puerta por la que Amelia acababa de salir. Ella se había conducido con un aplomo impecable en su traje a medida; cada palabra medida, cada gesto confiado. Estaba radiante, poderosa y... totalmente inalcanzable.No podía respirar bien. No por su perspicacia empresarial, ni por la forma en que había dominado la sala, sino por lo que no se esperaba.El corazón de Adrian latía violentamente. Algo en su forma de moverse, el suave balanceo de sus pasos, era diferente.De repente, se levantó de un salto y salió por la puerta, ignorando los llamados de Peter. Desde la distancia, la siguió a ella y a Ryan, asegurándose de que nadie lo notara merodeando en el vestíbulo. A través de las grandes puertas de cristal, vio a Amelia acer
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