Capítulo 99LA habitación estaba tranquila, demasiado tranquila, excepto por el constante tictac del reloj en la mesita de noche. Amelia yacía recostada de lado, con los ojos fijos en el techo aunque la lámpara llevaba mucho tiempo apagada. Las sábanas enredadas alrededor de sus piernas se sentían pesadas, asfixiantes.Cada vez que cerraba los ojos, aparecía su rostro. La expresión de Adrian en la reunión de la junta, la conmoción, el silencio, la forma en que su mirada se aferraba a ella como una sombra. Se repetía una y otra vez, como si su mente se negara a dejarla descansar.Se movió, golpeando la almohada debajo de su cabeza. No sirvió de nada. Su pecho se oprimió con emociones no dichas, emociones de ira, dolor, pero también algo mucho más peligroso: el leve dolor de los viejos recuerdos, aquellos que pensaba que había enterrado.Girándose sobre su espalda, Amelia presionó la palma de su mano contra su frente, susurrando a la oscuridad: «¿Por qué ahora? ¿Por qué tuvo que volver
Leer más