Él la levantó sin esfuerzo, como si no pesara nada, como si fuera algo precioso que necesitaba ser sostenido. Ella enredó las piernas alrededor de su cintura, y la sensación de sus músculos tensos contra la parte interna de sus muslos, la presión de su miembro contra su sexo a través de la ropa, la hizo jadear contra su oído. Estaba húmeda. Tanto que podía sentir la humedad filtrándose a través de la seda de sus bragas.La caminó hacia la habitación con pasos seguros incluso en la oscuridad, como si conociera el espacio de memoria, como si hubiera imaginado este momento tantas veces que sus pies sabían exactamente dónde pisar. Pasaron junto a la puerta del baño, junto al armario, y entonces la cama estaba ahí, grande, blanca, las sábanas de algodón egipcio frescas bajo su espalda cuando él la depositó sobre ellas.Gab
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