Son las diez y cuarto de la noche.Irina tiene la laptop sobre las piernas, el celular boca arriba en la almohada y la grieta del techo exactamente donde siempre. La habitación 308 no ha cambiado. Es el único lugar en esta ciudad donde todo sigue en el mismo sitio.Revisa el feed de noticias corporativas. Es el protocolo de cierre: quince minutos de escáner — construcción, infraestructura, movimientos de capital — y después apaga. Lo hace desde que trabajaba en Beltrán y no lo ha roto en semanas.Esta noche se rompe en tres minutos.La nota es sobre un foro de inversión inmobiliaria en Madrid. Foto de portada: un salón de evento, mesas redondas, trajes, la clase de imagen donde nadie mira porque todas son iguales.Irina está a punto de deslizar.Los aretes la detienen.Al borde izquierdo del encuadre, casi fuera de él, una figura de espaldas. Medio cuerpo. El tipo de figura que la cámara capturó por accidente, no por intención. Cabello diferente al que recuerda. Postura idéntica.Y lo
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