La oficina de Laura en Echeverría y Jones estaba en la cuarta planta.A las once de la noche, con el pasillo en penumbra y solo el flexo del escritorio encendido, tenía el aspecto de un lugar al que nadie volvería hasta el día siguiente.Excepto ella.Llevaba tres horas con los documentos de Buenos Aires extendidos sobre la mesa. La carta de Tomás a un lado. Los registros de propiedad que Bruno había conseguido al otro. El nombre de la madre biológica escrito a mano en un papel aparte, como si aislarlo lo hiciera más manejable, como si separarlo del resto de la montaña de informa
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