TREVOR¡Camila estaba aquí, en Portugal… en mi casa!Estaba en el sofá con Izan dormido en el brazo, la cabeza ladeada, los ojos cerrados. La maleta apoyada contra el sofá. El zumo de naranja a medio terminar en la mesa. María debió haberla dejado entrar y no me había avisado, pero en ese momento me importó absolutamente nada.Catalina seguía hablando detrás de mí. Dejé de escucharla porque ahora solo podía concentrarme en Camila, pero sus ojos estaban en otra parte. En Catalina.Caminé hacia el sofá y me senté a su lado y la abracé con el brazo que tenía libre, despacio para no despertar a Izan, y me quedé así un momento con la cara en su pelo.Estaba aquí. Había cogido un avión y estaba aquí.—Estás aquí —dije, no sabía qué decir, me sentía un poco avergonzado, porque yo no había contactado con ella desde que me fui y ahora ella estaba en mi casa, dándome la mejor sorpresa del día, de la semana o incluso del mes.—Pensé que debía venir.Me separé lo justo para mirar al niño. Tenía l
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