|Capítulo: Lo elijo a él|Las lágrimas no paraban. Me había quedado sentada en el suelo del pasillo, con la espalda contra la puerta cerrada, abrazándome las rodillas como si eso pudiera detener el vacío que Trevor dejó al marcharse.Izan dormía en su cuna, ajeno a todo. Yo, en cambio, sentía que el mundo se me había roto en mil pedazos. Saqué el teléfono con manos temblorosas y marqué el número de Susana. Contestó al tercer tono, con esa voz alegre y despreocupada que siempre tenía. —¿Cami? ¿Qué pasa, reina? No pude ni hablar al principio. Solo salió un sollozo fuerte, feo, de esos que te arrancan el aire. —Trevor… se fue —logré decir entre hipidos—. Se fue, Susana. Hizo la maleta y se marchó. —Respira, Camila. Respira hondo. ¿Qué pasó? Cuéntame bien, que no entiendo nada. Me sequé la cara con el dorso de la mano, pero las lágrimas seguían cayendo. Le conté todo. Desde el desayuno con Diego, el momento en la puerta cuando me acorraló y me pidió que lo besara, hasta la discusión
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