Capítulo 55Adrian cerró la puerta, asegurándola con un pesado cerrojo de hierro.— Vamos a la oficina. Es la habitación más protegida de la casa. Tiene vista a todos los lados del terreno.Al entrar en la oficina, Vlad chasqueó los dedos y la llama de la chimenea se encendió. Las llamas cobraron vida, proyectando sombras largas e inquietas en las paredes.Elena se detuvo en medio de la habitación, frunciendo el ceño. Algo estaba… mal.Las llamas parecían moverse de forma extraña. No era solo fuego común. Se retorcían, como si tuvieran voluntad propia. Entrecerró los ojos.— Vlad… el fuego está… extraño.Antes de que él pudiera responder, las llamas se elevaron violentamente, girando en un remolino de fuego vivo. Desde el centro de la chimenea, se formó una silueta humana. Parecía un hombre, alto, delgado, con una sonrisa burlona. Salió de la chimenea, envuelto en llamas. De repente, empezó a golpear dramáticamente sus propios brazos y pecho.— ¡Ay, ay, ay! ¡Me estoy quemando! ¡Socorr
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