AriellaEso me destrozó de una manera que no esperaba. Había visto a Asher enojado, orgulloso, frío, protector e incluso despiadado, pero nunca de esta forma. Nunca tan vulnerable, tan despojado de todo que ya ni siquiera podía esconderse detrás de sus muros. Su voz temblaba y su pecho se agitaba con cada palabra como si le doliera.Le acuné el rostro, bajándole las manos para que no pudiera ocultarse de mí, obligándolo a mirarme a través de sus lágrimas.—No —susurré, con mi propia voz quebrándose—. No, Asher. No me fallaste. No tienes derecho a decir eso. Viniste. Viniste cuando más importaba. Me salvaste a mí y salvaste a Leon. Nunca me has fallado.Sacudió la cabeza contra mis manos, testarudo, destrozado, hundiéndose todavía más en la culpa.—No merezco ese perdón. No después de lo que pensé de ti. No después de cómo te traté. Cargaste con ese peso tú sola, y yo... —su voz se atoró, con la garganta apretada—, yo no estuve allí. Yo era la única persona que debía estar allí, y
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