Ariella
Con toda la medicina, las vías intravenosas y todo lo demás... creí que debieron haberme sedado. Porque cuando abrí los ojos otra vez, ya era el día siguiente. Una luz solar brillante se filtraba a través de las delgadas cortinas del hospital, demasiado limpia, demasiado real. Parpadeé ante la claridad, desorientada.
Por un momento, al despertar, pensé que todavía estaba en el auto con Alan, con su arma presionada contra mi cabeza y la amenaza viva y ardiendo en sus ojos. El pecho se m