La noche se había vuelto algo vivo. Respiraba fríamente por las rendijas de las ventanas del sótano, se deslizaba bajo la fina manta de Della y se aferraba a su cuerpo como una segunda piel. Pero el frío no era nada comparado con el fuego que ardía en su pecho. Desde aquel momento en el pasillo, desde los dedos de Bryan en su barbilla, desde aquel vínculo imposible y prohibido que se había enredado en su corazón como una cadena de brillante luz de luna, ya no podía respirar como antes.Yacía en su estrecho catre en las habitaciones de servicio, con los ojos bien abiertos, mirando fijamente la oscuridad. Cada latido del corazón parecía un tambor de advertencia. Vete. Huye. Escóndete. ¿Pero adónde? La manada se extendía por cientos de kilómetros cuadrados de bosques helados y montañas escarpadas. E incluso si huía, este vínculo la encontraría. Ya la atraía, una llamada silenciosa e implacable, arrastrándola hacia la casa de huéspedes donde se alojaba el príncipe Bryan.Se presionó las p
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