Anna despertó con la sensación de un brazo rodeándola con firmeza. Se giró despacio, observando al hombre que aún dormía a su lado.Es raro que siga dormido a esta hora, pensó.Las pestañas de Liam eran largas, su nariz recta y bien definida. En ese instante de quietud, Anna lo admitió para sí misma: Dios había sido meticuloso al crear ese rostro. Alzó la mano y rozó su mejilla con cuidado, como si temiera despertarlo. Pero, de pronto, él atrapó su mano.—Vaya mano traviesa —dijo Liam al abrir los ojos, con una leve sonrisa en los labios.—Hoy te has levantado más tarde de lo normal —respondió Anna.—Quiero quedarme perezoso contigo hoy —replicó él con naturalidad, arrancándole una sonrisa.—¿Así que el señor Liam también sabe holgazanear? —bromeó ella.—Más bien quiero hacerte el amor —respondió él con picardía, ganándose un suave golpe en el pecho.—Me mantuviste despierta toda la noche… ¿no fue suficiente? —protestó Anna.Porque quiero que lleves a mi hijo, pensó Liam, sin apartar
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