Iré por tí. II
Ansioso por tenerla, esperé a que cayera la oscuridad de la noche antes de internarme en el bosque como atajo de resguardo para llegar al pueblo. Bajo la luz de la luna llena, todo resultaba más sencillo; bastaba con dejar que la bestia tomara el mando y siguiera aquel rastro que parecía grabado en mis sentidos.Lo único que tardó fue su presencia.Cuando finalmente llegué hasta la ventana de su habitación, ya había recuperado mi forma humana. Empezaba a forzar la ventana con cuidado, procurando no hacer demasiado ruido, cuando la vi entrar.Ahí pare la maniobra desesperada. Entonces me vio.Al principio noté confusión en sus ojos curiosos. Se quedó quieta por unos segundos, como si intentara comprender qué hacía yo allí.Sus ojos se fijaron en los míos y, para mi sorpresa, comenzó a acercarse muy despacio. Una sonrisa apenas contenida apareció en sus labios esponjosos.Mi lobo ronroneó dentro de mí.—¡Padrecito! —La escuché decir, entre inocencia, torpeza y excitación. Antes de co
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