Capítulo 58: Bendito por la diosa. Cuando la última gota carmesí tocó el fondo del cáliz, los cuatro lobos levantaron la cabeza al mismo tiempo y rugieron. ¡¡GRRRRRR!! El sonido fue profundo y poderoso, un rugido que resonó entre las columnas del templo y se expandió por todo el bosque sagrado. En el exterior, las manadas respondieron de inmediato. Miles de lobos alzaron el rostro hacia la luna llena y aullaron con fuerza, dejando que sus voces se mezclaran con el viento nocturno. El sonido llenó el cielo del Sur como una única voz salvaje que celebraba el pacto de sangre recién sellado. Entonces el cáliz comenzó a brillar. La sangre en su interior se agitó suavemente antes de evaporarse lentamente, transformándose en pequeñas esporas luminosas que flotaron en el aire. Aquellas partículas brillantes se elevaron y comenzaron a dispersarse por todo el templo, como polvo de estrellas suspendido en la noche. Cuando tocaron las paredes, los cristales de Rubí, Ónix, Zafiro y Esm
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